sábado, 1 de septiembre de 2007

El héroe no reconocido y el gran simulador


Frecuentemente vemos huelgas por los malos servicios que brindan empresas privadas, por la explotación de los trabajadores, por la pobreza y el hambre.

En cambio, algunos parecen estar cegados por los vicios que les otorga el sistema y argumentan que el neoliberalismo favorece a los países pobres ya que reciben aportes de capitales de las naciones desarrolladas y, de esta forma, terminan atados y condenados a pagar intereses de por vida.

Aplicando esta política, las personas quedan a merced de esas empresas (S. A.) que utilizan el servicio para acrecentar su capital, sin importarles que eso signifique reducir la calidad del mismo. El problema radica en que, al ciudadano se le reducen las herramientas de protesta, ya que al ser una empresa multinacional, el dueño o empresario se encuentra en algún lugar del planeta. ¿Y el Estado? Queda reducido al mínimo, casi imposibilitado de intervenir.

Algún neoliberal podría decir que el Gobierno puede explotar a las personas y tener servicios todavía más precarios. En primer lugar, debemos entender que si bien puede suceder, el problema es ocasionado por el sistema y por lo tanto, es este el que se debe cambiar. En segundo término, es preferible que si nos van a engañar, sean personas visibles, que nos permitan la posibilidad del reclamo o el juzgamiento mediante el ejercicio del voto.

En tiempos donde todavía se discute la superficialidad del 1 a 1, es interesante comparar a dos presidentes que pasaron por el sillón de Rivadavia. Carlos Saúl Menem, ejemplo de un “neoliberalismo” extremo y Arturo Umberto Illia, representante consiente de los deberes y obligaciones de la política para con la Nación.

El primero gobernó diez años nuestro país, privatizando varias empresas estatales, entre las cuales se hallaban canales televisivos de aire y las dos mayores compañías del país -
Yacimientos Petrolíferos Fiscales y Gas del Estado- e instauró la libertad de precios. Además, se estableció la ley de convertibilidad lo que exigía al Banco Central de la República Argentina respaldar la moneda con sus reservas en relación al dólar estadounidense. Estas medidas provocaron una estabilidad financiera en sus años de mandato, pero desatando posteriormente (en el 2001) la peor crisis económica que vivió la Argentina. Se acrecentó la brecha entre pobres y ricos, se originaron nuevos desempleados y subempleados. Al asumir Menem el índice de personas sin ocupación era del 8,1 %, al concluir su mandato el índice era del 13,8 %.

En lo que respecta a Illia, durante su mandato de 3 años creó la Ley del salario mínimo vital y móvil con el objetivo de "evitar la explotación de los trabajadores en aquellos sectores en los cuales puede existir un exceso de mano de obra...asegurar un ingreso mínimo adecuado...mejorar los salarios de los trabajadores más pobres". Además, se promovió la Ley de Abastecimiento, destinada a controlar los precios de la
canasta familiar y la fijación de montos mínimos de jubilaciones y pensiones.

Mientras Menem privatizó YPF, Illia firmó los Decretos 744/63 y 745/63 que anulaban las concesiones a empresas privadas para la explotación de yacimientos por considerarlos de "vicios de ilegitimidad y ser dañosos a los derechos e intereses de la Nación". El gobierno del dirigente radical, tuvo una política de ordenamiento del sector público, disminución de la deuda e impulsó a la industrialización. El salario real horario creció entre diciembre de 1963 y diciembre de 1964 un 9,6%. La desocupación pasó de 8,8% en 1963 a 5,2% en 1966.

Por último, es importante destacar que en el mandato de Illia la educación tuvo un peso significativo en el Presupuesto Nacional. El Plan de Instrucción que llevó a cabo el gobierno contaba, para 1965, con doce mil quinientos centros de alfabetización y su tarea alcanzaba a trescientos cincuenta mil alumnos de dieciocho a ochenta y cinco años de edad.

Lamentablemente el proyecto de país que intentó emplear, con honestidad, sin la utilización de medios de coerción del Estado y haciendo de la Argentina un país con esperanzas y futuro, fue tan solo un sueño. Al despertar, vimos a los militares tomando el poder y cometiendo los peores actos genocidas. Un sueño que Menem intentó repetir, pero sin lealtad, ni promesas de prosperidad futuras, sino con una red de engaños y corrupción. Nos dijo que seríamos un país “primer mundista”, nos engañó con el “uno a uno”, nos maravilló con una nave espacial volando a la estratosfera y la creación de una “Aeroisla”…cuando despertamos, vivimos la peor crisis de la Argentina.

Soñar es bueno, dicen, pero depende de nosotros hacer del sueño una realidad y elegir entre: el que alguna vez propuso Illia o la pesadilla que realizó Menem.

Diego Malbernat.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Ojo era Cordobes, y el pueblo le decìa Presidente metalico. Sabes por que? Tenia pelo de plata, corazon de oro, y bolas de PLOMO.
Indio Bombero