Tan solo somos un número, “fabricados en serie, moldeados por una educación, que muchas veces es estandarizada y embutidos, casi como un sinónimo de fiambres, en la perversa lógica de oficinas y fábricas”. Solo somos un simple engranaje de una máquina (el cientificismo) y solo cumplimos la función de producir y consumir.
Mientras algunos neoliberales hablan de las “maravillas” del progreso y afirman que el ser humano se convierte en parte importante de la "Aldea global", el mundo se torna cada vez más tecnificado y vuelve al hombre un ser individualista, agresivo y pasivo, ante circunstancias similares y, sobre todo, egoista en extremos.
Entre tanto caos generalizado, intolerancia globalizada, anomia y pérdida de la identidad, el arte va a surgir como modo de manifestación y revalorización de lo natural. Por un lado, tenemos los que siguen segados por un mundo tecnicista, plagado de valores y medidas cuantificables y por el otro, los movimientos culturales (dadá, surrealismo, entre otros) que dan rienda suelta a una forma distinta de realidad. Estos fenómenos le posibilitaron a Ernesto Sábato que lograra reflexionar diciendo: “El arte de hoy es la reacción violenta contra la civilización burguesa y su weltanschauung –Cosmovisión-”.
En nuestro país, estas dos vertientes también están presentes; mientras existen autores como Eduardo Duhalde, quien lanzó su libro “Memorias del incendio”, donde expone su estadía en la Quinta de Olivos y nos cuenta como logró sacar al país de una crisis que posiblemente el apoyó, podemos observar que todavía hay personas que reconocen lo mal que está nuestra civilización y utilizan la literatura como medio para expresarse.
Quino, por ejemplo, mediante su reconocida historieta Mafalda (recientemente publicada en japonés) expresa su descontento por las desigualdades que plantea este sistema. Jugar al gobierno para no hacer nada, preguntarse por qué funciona tan mal la humanidad, plantearse al interés como palabra que entraña las relaciones públicas, pedir que se supriman las armas, que desaparezcan las guerras, identificar la esclavitud que imponen los sectores capitalistas y pedir que se acabe la pobreza y el hambre son algunos de los tantos problemas que identifica Quino sobre los tiempos en lo que vivimos.
El cambio se logra con una subcultura, con la literatura y con todas las formas que adquiere el arte. “Será menester, ahora, recuperar aquel sentido humano de la técnica y la ciencia, fijar sus límites, concluir con su religión”.
Como vimos anteriormente con errores y con aciertos algunos ya optaron por un cambio, pero no solo depende de los artistas. Pensar que no tiene solución es resignarse al sometimiento, “aunque mortales y perversos, los hombres podemos alcanzar de algún modo la grandeza y la eternidad”.
Diego Malbernat

3 comentarios:
querido diego soybetiana pero me dicen la yoly de tucuman bue negrito la verdad es q tenes razon con algunas cosas de las cuales nombras pero no me gusta la ultima parte que dice (aunque mortales y perversos , los hombre y blabla es muy machista. besos a los que hacen la revista y vengan cuando quieran
Betina, acepto tus críticas pero cuando cito esa frase, hago referencia al hombre como ser humano sin distinción de sexo. Aunque está claro que hablar de hombre es de cierta forma tener rasgos machistas, pero no es mi intención, es una construcción cultura.
Desde ya muchas gracias por tomarte el tiempo para leer la revista y muchas gracias por comentar, esperamos que lo sigas haciendo ya que mediante la opinión del lector vamos a saber si estamos haciendo las cosas bien y además crecer como medio de comunicación y como persona.
Nuevamente muchas gracias
Diego Malbernat
El cambio que propones a traves de Mafalda, sòlo se logra con un orden mundial mas justo. Pero hace dos mil años un hombre santo murio en la cruz por ello.
Igual, segui adelante, te felicito.
Indio Bombero
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